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“Del oficio a la oportunidad:  cómo las comunidades están redefiniendo la industria de la moda”

“Del oficio a la oportunidad: cómo las comunidades están redefiniendo la industria de la moda”

En este post hablaremos sobre la importancia de una moda que conecte a los distintos actores dentro del sistema: empresas, comunidades y, sobre todo, personas.
Se habla mucho respecto a lo que es la moda y lo que significa para la economía mundial. Pero no sería nada sin las personas. Hablar de moda sostenible no se reduce sólo a materiales reciclados ni sostenibles, ya que limitarlo a eso es simplificar su alcance. La sostenibilidad es una integración completa de procesos, vinculaciones, respeto y responsabilidad, que busca generar beneficios que van más allá de lo económico; es la búsqueda de la preservación de aquello que realmente importa. Y, si lo acercamos a nuestro tema:
¿Puede la moda generar un impacto social? ¿Puede impactar positivamente en las personas?
Frecuentemente, se piensa en la industria de la moda como una industria cruel, despiadada y que busca únicamente fines económicos, generando impactos muy profundos e irreversibles en las personas y en el planeta.
El trabajo textil, a lo largo de la historia, ha sido fundamental en la conformación de las sociedades, las culturas y la identidad, y, sobre todo, en cubrir el cuerpo, una necesidad básica del ser humano.
Sin embargo, con la llegada de la Revolución Industrial, a partir del año 1740, la producción en serie y la percepción del trabajo textil cambiaron profundamente. La cultura de los medios de comunicación y su impacto en la economía también contribuyeron a transformar las reglas del juego. Siempre hemos adornado el cuerpo y nuestras vestimentas han sido símbolos de estatus. Sin embargo, este hito fue fundamental para cambiar la percepción de las prendas, ya que su manufactura pasó dramáticamente de ser confeccionadas a mano, una por una, a ser producidas por máquinas industriales. Esto, a largo plazo, ha hecho que las prendas pierdan valor, debido a que se dejó de valorizar a las personas y los procesos que están detrás de cada prenda.
Esto ha derivado en un problema actual significativo: el fast fashion, la producción en masa y el sobreconsumo, los cuales evidencian cifras alarmantes respecto a la sobreproducción de prendas de vestir.

Actualmente, el tamaño del mercado mundial de prendas de vestir se valoró en 1.749,67 mil millones de dólares en 2025 y se prevé que crezca de 1.804,08 mil millones de dólares en 2026 a 2.307,04 mil millones de dólares en 2034.
Fuente: Fortune Business Insight
Se estima una producción de 24,09 prendas por habitante en todo el mundo para este año 2026, lo que representa un volumen considerablemente alto.
Cada año se producen 100.000 millones de prendas de vestir, y cerca del 85% de estas prendas recién confeccionadas van a parar al vertedero en el mismo año, lo que intensifica la crisis medioambiental asociada a la industria textil.
Fuente: Textil Fazla
Esto ha generado una creciente desconexión entre el consumidor y el origen de sus prendas, debido a cadenas de suministro cada vez más complejas, que no sólo dejan consecuencias medioambientales por la contaminación generada, sino que también reducen la cantidad de usos por prenda, volviéndolas desechables.

Y un dato muy interesante y bastante relevante indica que los oficios tradicionales están en riesgo, ya que en algunos países más del 50% de los artesanos textiles tienen más de 50 años, lo que evidencia una falta de recambio generacional.
Fuente: UNESCO

Si bien, por mi trabajo, he visto cómo se siguen formando profesionales en las disciplinas de Diseño de Vestuario y hay un auge en el DIY,
los oficios artesanales asociados al trabajo textil siguen estando muchas veces invisibilizados y perdiendo valor cultural, ya que los jóvenes no se interesan por preservar el conocimiento, y la centralización impulsa a muchos a abandonar sus localidades para buscar oportunidades en la ciudad.
La importancia de proyectos como RFD, que conectan a diseñadores y artesanos, radica en que ponen en valor y generan diferenciación entre ambas disciplinas, porque no son lo mismo.
El rescate de saberes locales y su integración en propuestas de diseño contemporáneo, a través de una cuidada puesta en escena, genera un impacto profundamente emocional. Ver sus trabajos expuestos profesionalmente no solo visibiliza, sino que también empodera a sus creadores.
Para mí, fue una experiencia transformadora, poder participar en RFD versión Los Ríos, acompañando a estos equipos en el desarrollo y materialización de sus proyectos. Esto es muy valioso, porque existen desafíos adicionales, como el acceso a materias primas e insumos, lo que hace que la consecución de esta meta sea aún más significativa.

Actualmente, hay nuevas corrientes que trabajan constantemente en valorizar los productos hechos a mano, de forma lenta y sin presiones, como lo son:
La economía regenerativa – colaboración empresa/comunidad – valor cultural en la moda – cadenas de valor territoriales
Estas corrientes buscan rescatar técnicas ancestrales y poner en valor el trabajo de las comunidades.

Es ahí donde surge la moda como puente territorial, conectando estos enfoques con nuevas formas de desarrollo productivo y cultural.

Chile, cuyo territorio es mayoritariamente rural, alcanzando aproximadamente un 82% del total nacional. Sin embargo, sólo entre el 11 y 12% de la población vive en zonas rurales. lo que refuerza que la mayor concentración de personas se encuentra en áreas urbanas.
Fuente: TheGlobalEconomy.com

Además, existe el desafío de la conectividad, ya que muchas de estas zonas se encuentran aisladas. Sus habitantes viven y trabajan principalmente con los recursos que les entrega la naturaleza, manteniendo una interacción limitada con los grandes centros urbanos.
Esto genera una desconexión entre los habitantes del país, acentuando la separación entre el mundo urbano y el mundo rural.
En este contexto, surgen diversas iniciativas —sociales, productivas y colaborativas— que buscan vincular a las comunidades con grandes empresas.

Pero…
¿Por qué una gran empresa se vería beneficiada con el trabajo con comunidades? Y, a su vez, ¿por qué una comunidad podría beneficiarse con el trabajo con empresas?
Las grandes empresas se verían beneficiadas por aspectos como: la diferenciación de marca, el acceso a materiales y técnicas únicas, y el cumplimiento de estándares ESG (ambientales y sociales), que mejoran su reputación y generan mayores oportunidades de inversión, así como también impulsan la innovación y la sostenibilidad.
Y, a su vez, los beneficios que reciben las comunidades son: acceso y ampliación de mercados, generación de ingresos y mayor estabilidad económica, transferencia de conocimiento en ámbitos como diseño, tendencias, gestión y comercialización, además de la visibilidad y valorización cultural de su trabajo.
En el contexto chileno, algunos de los ejemplos más destacados son: la textilería mapuche, la cadena de la lana (zona centro y sur), las artesanas del norte (alpaca y tejidos andinos), y diversas cooperativas textiles a lo largo del país.

¿Cómo podrían conectarse entonces estas comunidades con la gran industria y, específicamente, con la moda?
Bueno, actualmente existen múltiples proyectos que vinculan territorios y empresas, donde hay una relación de mutuo beneficio para ambos, generando valor compartido.
A través de:
Artesanía colaborativa: se desarrolla a través de la co-creación con marcas, donde la marca trabaja directamente con comunidades que elaboran tejidos, bordados o fibras naturales. Estas técnicas se integran en colecciones de moda mediante una colaboración directa, generando rescate cultural e ingresos más justos. (fuente: Ethical Fashion Initiative, ONU)
Cadenas de suministro éticas: la empresa integra a comunidades rurales como proveedoras de materias primas (lana, algodón orgánico), relacionándose como proveedor formal dentro de la cadena de valor. Esto permite generar empleo local y promover prácticas regenerativas. (Certificaciones Fair Trade Certified / Comercio Justo)
Comercio justo: se garantiza un pago justo, condiciones laborales seguras y contratos estables con comunidades (India, Bangladesh), a través de relaciones a largo plazo y procesos de certificación. Esto contribuye a la reducción de la pobreza y al empoderamiento femenino. (World Fair Trade Organization)
Preservación cultural como propuesta de valor: las marcas incorporan diseños inspirados en culturas indígenas, los cuales deben desarrollarse de manera colaborativa para evitar la apropiación cultural. Esto se logra mediante visibilidad cultural y una retribución justa por el trabajo. (UNESCO)
Marcas lideradas por comunidades: la marca construye su propuesta en torno a comunidades artesanas, integrándolas como eje central del negocio y estableciendo relaciones más horizontales (co-creación + narrativa compartida), lo que promueve un posicionamiento global de saberes locales.
Innovación con materiales tradicionales: uso de textiles antiguos o técnicas tradicionales reinterpretadas para la moda contemporánea. Se enfoca en el rescate del patrimonio y su adaptación al mercado, generando valorización económica de lo artesanal. (Vogue Business, artesanía en lujo contemporáneo)
Fuente: UNESCO – INDAP – Fundación Artesanías de Chile

¿En qué consiste este modelo?
Identificación del valor local: técnicas textiles, fibras, saberes culturales
Intermediación o alianza: una marca, ONG o entidad certificadora conecta a la comunidad con el mercado
Integración en la cadena de valor: como proveedor, co-creador o socio
Comercialización global: la marca traduce este valor al lenguaje del mercado
Retorno económico y social: ingresos, visibilidad, preservación cultural — idealmente de manera sostenible
Es importante también hacer una diferenciación entre los distintos modelos:
Extractivo: la marca toma inspiración o mano de obra sin generar un beneficio justo
Transaccional: relación comercial básica (proveedor)
Colaborativo/regenerativo: co-creación + impacto social real
Es de vital importancia el rescate de saberes, oficios y técnicas que nos conecten con nuestra identidad. En un mundo tan globalizado, donde podemos alcanzar el otro extremo del planeta con un clic, es trascendental mantener los pies enraizados y conectados con lo que somos. Sin identidad, nos volvemos más vulnerables a las tendencias, porque no somos capaces de reconocer nuestra esencia y construir a partir de ella.
Para hablar en profundidad sobre este tema, los invito a ver la entrevista que tuvimos con Manu Rodríguez de Chungo.cl, donde nos cuenta, desde su experiencia, ¿Qué significa realmente el trabajo con comunidades? y el impacto real que genera.

PROPÓSITO – SISTEMA MODA CAPITULO 04 – MANU RODRIGUEZ – YouTube

Para nosotros, este no es solo un tema de industria, es un tema de identidad, de territorio y de futuro. La moda tiene el potencial de ser mucho más que un sistema productivo: puede transformarse en un puente que conecte realidades, valore saberes y genere impacto real en las personas.
Hoy, más que nunca, es necesario abrir la conversación y construir nuevas formas de hacer las cosas, de manera más consciente, colaborativa y responsable.
Queremos hacerte parte de este espacio y conocer tu mirada:
¿Qué rol deberían tener las marcas en el desarrollo territorial?
¿Estamos dispuestos, como consumidores, a valorar el trabajo artesanal?
Te invitamos a reflexionar, comentar y ser parte activa de este cambio. Porque una nueva forma de hacer moda en Chile sí es posible, y se construye a través de la colaboración de sus distintos actores.

Textil chileno 2026: Hacia la Sostenibilidad.

Textil chileno 2026: Hacia la Sostenibilidad.

“Industria textil en Chile 2026: Estado del sector y oportunidades para un desarrollo más sostenible

 

En este post, nos adentraremos en la industria textil manufacturera, analizando su funcionamiento y su estado actual.
Si bien Chile nunca fue un país reconocido por ser un gran productor de textiles, sí contó con un desarrollo industrial relevante en este ámbito.

No obstante, existieron fábricas y ciudades que se especializaron en la producción textil y en la confección de prendas de vestir, como Santiago, Tomé y La Ligua. Las industrias crecían, generaban empleo, y así fue cómo estas ciudades lograron desarrollarse y prosperar.

Entre 1930 y 1970, el rubro vivió un importante auge, impulsado por un modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones, que promovía la producción nacional, protegía el mercado interno y fomentaba el desarrollo industrial y el empleo. Además, existía disponibilidad de materia prima local, lo que fortalecía la cadena productiva.

Sin embargo, con la apertura a los mercados internacionales a fines de los años 70 y principios de los 80, y el ingreso masivo de importaciones, la industria local comenzó a perder competitividad.

Desde mi experiencia en el área, y particularmente desde mi visión como diseñadora dentro de la industria, este ha sido un tema que me ha generado muchas interrogantes.

Una de las principales preguntas que ha guiado esta reflexión es: ¿por qué tan pocas marcas logran escalar desde microempresas familiares a pequeñas o medianas empresas, aumentando sus ingresos y generando empleo? ¿Qué factores están limitando este crecimiento en Chile?

Existen diversos factores relevantes que nos permiten entender por qué muchas empresas no logran escalar.

Principalmente, la informalidad:
A nivel contable, muchas no documentan compras ni ventas, lo que limita el acceso a financiamiento y créditos que podrían impulsar sus negocios.

También influye la falta de profesionalización en quienes prestan servicios, así como la ausencia de garantías claras sobre los trabajos que entregan.

A nivel laboral, la problemática se asocia a la falta de regulación, condiciones de seguridad y previsión para los trabajadores, aspectos fundamentales para construir vínculos laborales sostenibles en el tiempo.

Existen, además, otros factores que iremos identificando y analizando en conjunto a lo largo de este contenido.

Comprender por qué ocurren estas situaciones es clave para avanzar hacia una industria más saludable y sostenible. Las reflexiones son necesarias para entender tanto el contexto como las dinámicas internas del sector, a través de una investigación más profunda que presentamos a continuación.

¿Qué está pasando actualmente, en 2026, con las fábricas de la industria textil chilena?

Desindustrialización histórica: Chile perdió gran parte de su base industrial textil desde los años 80–90 debido a la apertura económica. Hoy, producir localmente resulta más costoso que importar, lo que ha reducido significativamente el número de fábricas operativas en el país.

Importaciones que dominan el mercado: La producción local ha sido desplazada por productos importados. En 2022, se importaron más de 42 kg de textiles por persona, cifra que se ha incrementado en los últimos años. Esto no es un dato menor, ya que invita a reflexionar sobre los niveles de consumo y sobreconsumo de textiles y prendas de vestir.

Cambio de rol: de producción a retail logístico: Muchas fábricas han dejado de producir para transformarse en espacios de comercialización. En este contexto, Chile se posiciona cada vez más como un país consumidor, más que productor.

Emergencia ambiental y presión regulatoria: El país enfrenta una crisis asociada a los residuos textiles (por ejemplo, en el desierto de Atacama). Se generan más de 570 mil toneladas de residuos textiles al año, lo que ha impulsado la implementación de medidas como la Ley REP y una necesidad urgente de transformar la industria.

Aparición de nuevas “fábricas” vinculadas a la economía circular: Surgen iniciativas como el reciclaje textil industrial (por ejemplo, hilado reciclado). Muchas de estas nacen como respuesta al exceso de residuos textiles, que hoy comienzan a ser entendidos como materia prima para nuevas oportunidades de negocio.

Estas iniciativas funcionan como microindustrias innovadoras, más que como grandes fábricas tradicionales, abriendo un nuevo paradigma productivo dentro del sector.

¿Cómo es el proceso de fabricación nacional hoy en día?

  1. Inicio: materias primas mayoritariamente importadas
    El proceso productivo comienza, en la mayoría de los casos, con materias primas provenientes del extranjero, lo que evidencia una alta dependencia de mercados internacionales.
  2. Producción local centrada en la confección (etapa principal)
    Las fábricas actualmente se enfocan principalmente en procesos como el corte, la costura y el embalaje de prendas, correspondientes a la etapa final de la cadena de fabricación.
  3. Estructura productiva: pymes y talleres
    La manufactura está dominada por pequeñas y medianas empresas, junto a talleres locales. Estos actores son altamente relevantes en términos de generación de empleo, pero presentan limitaciones en escalabilidad.
  4. Modelo híbrido: Chile + extranjero
    Muchas marcas operan bajo un modelo mixto: diseñan en Chile, producen en el extranjero (principalmente en Asia) y finalizan o distribuyen localmente. Esto responde, principalmente, a factores de costos y competitividad.
  5. Nuevo modelo emergente
    Hoy comienza a consolidarse un “nuevo tipo de fabricación” vinculado a la economía circular: clasificación de ropa usada, trituración de textiles, rehilado (generación de nuevos hilos) y posterior fabricación de nuevos productos textiles y prendas de vestir.
  6. Este modelo propone una nueva lógica productiva, donde el residuo se transforma en materia prima, abriendo oportunidades para una industria más sostenible e innovadora.

Modelo Actual

 ¿Qué tipos de productos o procesos pueden ser más rentables a nivel económico en la industria textil chilena?

Radiografía económica del sector textil en Chile 

Tamaño de mercado total (2025): entre USD 5,3 y 5,6 mil millones.

Peso en la economía: representa aproximadamente un 0,11% del PIB (dato actualizado a 2022), lo que evidencia una industria textil de baja participación relativa y con signos de debilitamiento estructural.

¿Dónde están los mayores ingresos?

Retail y venta final: alcanza aproximadamente USD 5,5 mil millones, concentrados principalmente en la comercialización y no en la fabricación.

Fabricación local: representa menos del 1% del PIB industrial (alrededor de un 0,11%), lo que refleja una participación muy baja dentro de la economía productiva.

Importaciones: el modelo chileno se basa, en gran medida, en la importación masiva de productos textiles.

Ahora que identificamos dónde se generan más ingresos, es clave preguntarnos: ¿dónde está realmente la rentabilidad?

Economía circular: impulsada por políticas públicas y la presión medioambiental, presenta una ventaja en el bajo costo de la materia prima, proveniente del residuo textil. Esto abre nuevas oportunidades industriales con alto potencial de crecimiento.

Nichos de alto valor: aunque representan una fracción pequeña del mercado total, generan mayores márgenes por unidad, lo que los convierte en segmentos altamente rentables dentro del contexto chileno.

Confección B2B: corresponde a uno de los segmentos más estables del mercado textil local. El vestuario técnico, asociado a industrias como la construcción, minería y salud, permite establecer contratos más estables y presenta menor volatilidad que los productos de moda.

Es importante realizar este análisis, ya que existe una diferencia significativa entre los conceptos de ingresos y rentabilidad en el contexto chileno.

Si bien el retail y las importaciones concentran una gran cuota de mercado, su rentabilidad suele ser baja. Esto permite identificar oportunidades más atractivas para empresas y marcas, especialmente a través de la creación de valor y márgenes más altos.

¿Existe la colaboración empresarial en el rubro textil Chileno?

Sí, y se puede observar en distintas categorías:

Alianzas formales entre empresas, gremios y Estado:
Un ejemplo es el convenio entre la Cámara de Comercio de Santiago y Ambition Loop, cuyo objetivo es impulsar la economía circular en el sector textil. Este tipo de acuerdos promueve la conexión entre empresas, el desarrollo de proyectos conjuntos y la articulación público-privada.

Colaboración en economía circular:

INNOVATEXTIL reúne a empresas, Estado y organizaciones en un Acuerdo de Producción Limpia (APL), donde ya participan 14 empresas, con foco en trazabilidad, reciclaje y sostenibilidad.

Asociaciones gremiales que fomentan la colaboración:
Moda Chile agrupa a diseñadores, marcas y emprendedores, impulsando proyectos conjuntos que fortalecen el sector a través de ventas, eventos y redes.

Comunidades colaborativas (economía circular y social):

Fundación Tëdoy es una red con más de 300.000 personas que promueve la reutilización textil, el consumo colaborativo y la activación de redes locales.

Históricamente, ha existido una baja cultura de colaboración en Chile. Estudios muestran que el sector ha presentado bajos niveles de cooperación entre empresas y cierta resistencia a modelos asociativos.

Sin embargo, lo que puede parecer una crisis también puede entenderse como una oportunidad para explorar nuevas formas de colaboración, que fomenten una participación más articulada y responsable entre los distintos actores de la industria.

¿Cuánta es la cantidad de fábricas textiles y de confección en Chile? ¿Cuánto es el porcentaje de fábricas informales en Chile?

No existe un registro claro y actualizado sobre el número de fábricas textiles en Chile. Esto se debe, en gran parte, a factores como la alta informalidad, las cadenas de subcontratación y el trabajo independiente no formalizado, que dificultan la trazabilidad de los productos y de los actores del sistema.

Como mencionamos anteriormente, no existen grandes industrias predominantes. La manufactura textil en Chile está compuesta principalmente por micro, pequeñas y medianas empresas (pymes), donde se identifican talleres de confección, producción a domicilio y microemprendimientos.

Realizar un catastro actualizado resulta complejo, debido a la escasez de estudios recientes en esta área.

En cuanto a la informalidad, se estima que en el sector manufacturero alcanza un 70,8% en general, incluyendo la manufactura textil.

Este porcentaje es considerablemente alto si se compara con la informalidad general del país, que bordea el 27% del empleo en Chile, situando al rubro textil muy por sobre el promedio nacional.

Además, emerge una nueva arista asociada a la informalidad en el comercio digital de moda en Chile, donde aproximadamente un 41% de las transacciones se realizan de manera informal, lo que representa un porcentaje significativo dentro del ecosistema.

Estos datos nos invitan a reflexionar sobre cómo avanzar hacia la construcción de empleos y fábricas que transiten hacia modelos más formales.

Esto permitiría mejorar aspectos clave como la seguridad social, el acceso a salud, las cotizaciones previsionales, la formalización de ingresos y ventas, así como también la escalabilidad de los negocios.

El desafío está en generar soluciones concretas que fortalezcan y profesionalicen el sector, avanzando hacia una industria más sólida y sostenible.

Ahora, dentro de este universo de comercio y manufactura, surge una nueva pregunta:

¿Cuál es el rol del intermediario en la cadena textil chilena hoy en día?

El intermediario cumple un rol clave dentro de la industria textil chilena, ya que esta no funciona como una cadena continua, sino como una estructura fragmentada. Está compuesta por importadores, talleres, marcas y retail, y es el intermediario quien conecta estos eslabones.

Facilita el acceso a insumos, principalmente importados. Como ya sabemos, Chile depende en gran medida de la importación de textiles, por lo que estos actores permiten abastecer de telas e insumos tanto a talleres como a marcas. Sin ellos, muchas pymes no podrían producir.

Articula la producción a través de la subcontratación: conectando marcas con talleres, organizando la producción, distribuyendo el trabajo y gestionando tiempos y costos.

Y hay un punto no menor:
concentran gran parte del poder y del margen económico.

En cadenas fragmentadas, los intermediarios capturan una porción significativa del valor, mientras que los talleres —muchas veces informales— reciben márgenes más bajos. Esto genera desigualdades en los ingresos y limita la trazabilidad del sistema.

Sin embargo, en el contexto actual, están surgiendo nuevas formas de intermediación, con un enfoque más circular. Aparecen actores como gestores de residuos textiles, clasificadores y recicladores, que conectan a los consumidores con procesos de reciclaje y la generación de nuevas materias primas.

El intermediario es, por tanto, un actor fundamental en la industria, muchas veces invisibilizado u omitido, pero clave para articular un sistema que hoy se encuentra altamente fragmentado.

El desafío está en reconocer su rol y, al mismo tiempo, trabajar para reducir las brechas existentes, avanzando hacia una cadena más equilibrada, transparente y colaborativa.

Como conclusión de esta investigación y análisis sobre el estado actual de la industria —de la cual todos somos parte, ya sea desde sus beneficios o sus consecuencias—, los invitamos a seguir profundizando en este tema.

Te invitamos a ver la entrevista asociada a este post en nuestro canal de YouTube, en el capítulo de “Sistema Moda”, donde conversamos con María José Newman sobre su trabajo y el rol que cumple dentro de la industria.

Una conversación que conecta los aspectos técnicos del oficio con la dimensión humana y la pasión por el trabajo que realiza.

Muchas gracias por llegar hasta aquí. Te invitamos a compartir tu punto de vista en el blog, respondiendo a la siguiente pregunta:

¿Cómo debería transformarse la industria textil chilena hoy para ser económicamente viable, socialmente justa y ambientalmente sostenible?

Si quieres conocer nuestras fuentes de información: escribe Fuente y te enviaré el documento completo



Introducción al Sistema Moda.

Introducción al Sistema Moda.

Todos, en algún momento, nos hemos hecho la misma pregunta:
¿Por qué existe la moda? ¿Por qué influye tanto en el mundo en que vivimos?

No hay una sola respuesta. Lo que existe es una cadena infinita de preguntas que nos invitan a mirar más allá, y esa es justamente la razón de este espacio.

En este blog investigamos cuál es el verdadero propósito de la moda, o como preferimos llamarla, del Sistema Moda. Se trata de un universo complejo, interconectado y profundamente influyente, que no solo viste cuerpos, sino que también moviliza sociedades, economías, culturas y territorios enteros.

La moda suele ser reducida a lo superficial o a lo efímero. Muchas veces es criticada, menospreciada e incluso odiada. Sin embargo, pocas industrias concentran tanta carga histórica, sociológica, cultural y simbólica como esta. La moda es una expresión individual y colectiva; influye en los comportamientos de consumo, impacta economías locales y globales, y deja huellas profundas en los ecosistemas y en el medio ambiente.

Aquí nos preguntaremos:


¿Qué hay realmente detrás de este sistema?
¿Por qué seguimos participando en él, ya sea como consumidores, trabajadores, creadores o gestores?
¿Qué sentido tiene lo que hacemos dentro de este universo?

Porque encontrar propósito en nuestra relación con la moda también nos permite responder preguntas que han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Y porque la historia no solo la escriben quienes usan las prendas, sino también quienes las diseñan, las fabrican, las comercializan y sostienen este sistema día a día.

Este es un espacio de investigación y reflexión, contado desde la voz de sus propios actores, donde formulamos preguntas, conectamos miradas y reunimos distintas perspectivas para completar, poco a poco, este gran puzle llamado Sistema Moda.

Entendemos que la moda y la sostenibilidad no se tratan de blancos y negros, sino de matices. Y abordar esos matices es fundamental para avanzar hacia una industria más consciente, responsable con las personas y respetuosa con el medio ambiente.

Sistema Moda

El Sistema Moda comprende el conjunto de acciones, actores, conexiones y decisiones que dan forma al mundo de la moda. No se trata únicamente de prendas o tendencias, sino de un ecosistema amplio en el que convergen producción, cultura, economía, comunicación y tecnología.

Cuando hablamos de moda, nos referimos a un universo que incluye productos como vestuario, calzado, accesorios, ropa de trabajo y vestuario artístico, además de toda la cadena textil que los hace posibles: materias primas, fabricación de telas, procesos industriales y oficios artesanales.

Pero el Sistema Moda también abarca dimensiones menos visibles:
la industria y sus modelos de negocio, la innovación, las leyes que la regulan, los lenguajes de comunicación, los comportamientos sociales y los territorios donde se desarrolla. Es un entramado donde lo simbólico y lo material conviven de forma permanente.

Comprender el Sistema Moda implica observar cómo interactúan estos elementos entre sí y cómo influyen en nuestras decisiones cotidianas, en los mercados y en la cultura. No es un fenómeno aislado, sino una red viva que evoluciona junto con la sociedad.

Por ello, para estudiarlo de manera más clara, lo abordaremos a través de tres grandes bloques que nos permitirán analizar su funcionamiento y su cadena de valor desde una mirada integral, orientada a la sostenibilidad.

¿Qué es el Sistema Moda?

Para comprenderlo, hemos identificado tres grandes bloques de estudio que nos ayudarán a entender cómo funciona el Sistema Moda y toda su cadena de valor, permitiendo generar mejoras en pro de un sistema más sostenible.

  1. Sociedad — Sociología
    Historia de la humanidad y el vestido

El legado que nos ha dejado la historia del vestir y la industria

Comportamientos sociales asociados a la moda

Impacto social actual generado por la industria de la moda

Territorios y patrimonio cultural

  1. Marca — Marketing y Negocios
    Estrategias: marketing y branding

Negocios: asociados a la actividad económica

Leyes: cuáles son las reglas que rigen este sistema

Producto: bienes y servicios que se desarrollan como resultado de las operaciones del Sistema Moda

Comunicación: gestión estratégica de marcas y acciones concretas que comunican identidad e incentivan la venta

Consumidor: quiénes compran, usan y se identifican con las marcas y su mensaje

Distribución y ventas: Complejos sistemas de logística y estrategias de venta

  1. Transformación — Ingeniería y Confección
    Materias primas: el inicio del proceso, fibras e hilados (naturales, sintéticas y artificiales)

Procesos: etapas involucradas en el desarrollo del producto (creativos, industriales y artesanales)

Tecnología: cada prenda es también un resultado de la ingeniería; esto incluye tanto tecnología actual como innovación

Una vez identificados estos tres grandes bloques, daremos inicio a una rueda de entrevistas que nos permitirá profundizar en el Sistema Moda desde la voz de quienes son parte fundamental de su cadena de valor.

 

 

El Sistema Moda no es algo ajeno a nosotros. Es una red viva de la que todos formamos parte, desde el lugar que habitamos: como consumidores, creadores, trabajadores o impulsores de cambio. Comprenderlo es el primer paso para transformarlo.

Este espacio nace con la convicción de que una nueva forma de hacer moda sí es posible, pero solo si somos capaces de cuestionar, conectar y construir en conjunto. Porque más que una industria, hablamos de un sistema con impacto real en las personas, los territorios y el futuro que estamos diseñando día a día.

Te invitamos a ser parte de esta conversación, a reflexionar y a mirar la moda desde un lugar más consciente, crítico y propositivo.

¿Qué rol crees que te corresponde a ti dentro del Sistema Moda, y cómo podrías influir en su transformación hacia un modelo más consciente y sostenible?

¿Desde tu experiencia, dónde ves hoy las mayores brechas del Sistema Moda para avanzar hacia la sostenibilidad?