“Del oficio a la oportunidad: cómo las comunidades están redefiniendo la industria de la moda”
En este post hablaremos sobre la importancia de una moda que conecte a los distintos actores dentro del sistema: empresas, comunidades y, sobre todo, personas.
Se habla mucho respecto a lo que es la moda y lo que significa para la economía mundial. Pero no sería nada sin las personas. Hablar de moda sostenible no se reduce sólo a materiales reciclados ni sostenibles, ya que limitarlo a eso es simplificar su alcance. La sostenibilidad es una integración completa de procesos, vinculaciones, respeto y responsabilidad, que busca generar beneficios que van más allá de lo económico; es la búsqueda de la preservación de aquello que realmente importa. Y, si lo acercamos a nuestro tema:
¿Puede la moda generar un impacto social? ¿Puede impactar positivamente en las personas?
Frecuentemente, se piensa en la industria de la moda como una industria cruel, despiadada y que busca únicamente fines económicos, generando impactos muy profundos e irreversibles en las personas y en el planeta.
El trabajo textil, a lo largo de la historia, ha sido fundamental en la conformación de las sociedades, las culturas y la identidad, y, sobre todo, en cubrir el cuerpo, una necesidad básica del ser humano.
Sin embargo, con la llegada de la Revolución Industrial, a partir del año 1740, la producción en serie y la percepción del trabajo textil cambiaron profundamente. La cultura de los medios de comunicación y su impacto en la economía también contribuyeron a transformar las reglas del juego. Siempre hemos adornado el cuerpo y nuestras vestimentas han sido símbolos de estatus. Sin embargo, este hito fue fundamental para cambiar la percepción de las prendas, ya que su manufactura pasó dramáticamente de ser confeccionadas a mano, una por una, a ser producidas por máquinas industriales. Esto, a largo plazo, ha hecho que las prendas pierdan valor, debido a que se dejó de valorizar a las personas y los procesos que están detrás de cada prenda.
Esto ha derivado en un problema actual significativo: el fast fashion, la producción en masa y el sobreconsumo, los cuales evidencian cifras alarmantes respecto a la sobreproducción de prendas de vestir.
Actualmente, el tamaño del mercado mundial de prendas de vestir se valoró en 1.749,67 mil millones de dólares en 2025 y se prevé que crezca de 1.804,08 mil millones de dólares en 2026 a 2.307,04 mil millones de dólares en 2034.
Fuente: Fortune Business Insight
Se estima una producción de 24,09 prendas por habitante en todo el mundo para este año 2026, lo que representa un volumen considerablemente alto.
Cada año se producen 100.000 millones de prendas de vestir, y cerca del 85% de estas prendas recién confeccionadas van a parar al vertedero en el mismo año, lo que intensifica la crisis medioambiental asociada a la industria textil.
Fuente: Textil Fazla
Esto ha generado una creciente desconexión entre el consumidor y el origen de sus prendas, debido a cadenas de suministro cada vez más complejas, que no sólo dejan consecuencias medioambientales por la contaminación generada, sino que también reducen la cantidad de usos por prenda, volviéndolas desechables.
Y un dato muy interesante y bastante relevante indica que los oficios tradicionales están en riesgo, ya que en algunos países más del 50% de los artesanos textiles tienen más de 50 años, lo que evidencia una falta de recambio generacional.
Fuente: UNESCO
Si bien, por mi trabajo, he visto cómo se siguen formando profesionales en las disciplinas de Diseño de Vestuario y hay un auge en el DIY,
los oficios artesanales asociados al trabajo textil siguen estando muchas veces invisibilizados y perdiendo valor cultural, ya que los jóvenes no se interesan por preservar el conocimiento, y la centralización impulsa a muchos a abandonar sus localidades para buscar oportunidades en la ciudad.
La importancia de proyectos como RFD, que conectan a diseñadores y artesanos, radica en que ponen en valor y generan diferenciación entre ambas disciplinas, porque no son lo mismo.
El rescate de saberes locales y su integración en propuestas de diseño contemporáneo, a través de una cuidada puesta en escena, genera un impacto profundamente emocional. Ver sus trabajos expuestos profesionalmente no solo visibiliza, sino que también empodera a sus creadores.
Para mí, fue una experiencia transformadora, poder participar en RFD versión Los Ríos, acompañando a estos equipos en el desarrollo y materialización de sus proyectos. Esto es muy valioso, porque existen desafíos adicionales, como el acceso a materias primas e insumos, lo que hace que la consecución de esta meta sea aún más significativa.
Actualmente, hay nuevas corrientes que trabajan constantemente en valorizar los productos hechos a mano, de forma lenta y sin presiones, como lo son:
La economía regenerativa – colaboración empresa/comunidad – valor cultural en la moda – cadenas de valor territoriales
Estas corrientes buscan rescatar técnicas ancestrales y poner en valor el trabajo de las comunidades.
Es ahí donde surge la moda como puente territorial, conectando estos enfoques con nuevas formas de desarrollo productivo y cultural.
Chile, cuyo territorio es mayoritariamente rural, alcanzando aproximadamente un 82% del total nacional. Sin embargo, sólo entre el 11 y 12% de la población vive en zonas rurales. lo que refuerza que la mayor concentración de personas se encuentra en áreas urbanas.
Fuente: TheGlobalEconomy.com
Además, existe el desafío de la conectividad, ya que muchas de estas zonas se encuentran aisladas. Sus habitantes viven y trabajan principalmente con los recursos que les entrega la naturaleza, manteniendo una interacción limitada con los grandes centros urbanos.
Esto genera una desconexión entre los habitantes del país, acentuando la separación entre el mundo urbano y el mundo rural.
En este contexto, surgen diversas iniciativas —sociales, productivas y colaborativas— que buscan vincular a las comunidades con grandes empresas.
Pero…
¿Por qué una gran empresa se vería beneficiada con el trabajo con comunidades? Y, a su vez, ¿por qué una comunidad podría beneficiarse con el trabajo con empresas?
Las grandes empresas se verían beneficiadas por aspectos como: la diferenciación de marca, el acceso a materiales y técnicas únicas, y el cumplimiento de estándares ESG (ambientales y sociales), que mejoran su reputación y generan mayores oportunidades de inversión, así como también impulsan la innovación y la sostenibilidad.
Y, a su vez, los beneficios que reciben las comunidades son: acceso y ampliación de mercados, generación de ingresos y mayor estabilidad económica, transferencia de conocimiento en ámbitos como diseño, tendencias, gestión y comercialización, además de la visibilidad y valorización cultural de su trabajo.
En el contexto chileno, algunos de los ejemplos más destacados son: la textilería mapuche, la cadena de la lana (zona centro y sur), las artesanas del norte (alpaca y tejidos andinos), y diversas cooperativas textiles a lo largo del país.
¿Cómo podrían conectarse entonces estas comunidades con la gran industria y, específicamente, con la moda?
Bueno, actualmente existen múltiples proyectos que vinculan territorios y empresas, donde hay una relación de mutuo beneficio para ambos, generando valor compartido.
A través de:
Artesanía colaborativa: se desarrolla a través de la co-creación con marcas, donde la marca trabaja directamente con comunidades que elaboran tejidos, bordados o fibras naturales. Estas técnicas se integran en colecciones de moda mediante una colaboración directa, generando rescate cultural e ingresos más justos. (fuente: Ethical Fashion Initiative, ONU)
Cadenas de suministro éticas: la empresa integra a comunidades rurales como proveedoras de materias primas (lana, algodón orgánico), relacionándose como proveedor formal dentro de la cadena de valor. Esto permite generar empleo local y promover prácticas regenerativas. (Certificaciones Fair Trade Certified / Comercio Justo)
Comercio justo: se garantiza un pago justo, condiciones laborales seguras y contratos estables con comunidades (India, Bangladesh), a través de relaciones a largo plazo y procesos de certificación. Esto contribuye a la reducción de la pobreza y al empoderamiento femenino. (World Fair Trade Organization)
Preservación cultural como propuesta de valor: las marcas incorporan diseños inspirados en culturas indígenas, los cuales deben desarrollarse de manera colaborativa para evitar la apropiación cultural. Esto se logra mediante visibilidad cultural y una retribución justa por el trabajo. (UNESCO)
Marcas lideradas por comunidades: la marca construye su propuesta en torno a comunidades artesanas, integrándolas como eje central del negocio y estableciendo relaciones más horizontales (co-creación + narrativa compartida), lo que promueve un posicionamiento global de saberes locales.
Innovación con materiales tradicionales: uso de textiles antiguos o técnicas tradicionales reinterpretadas para la moda contemporánea. Se enfoca en el rescate del patrimonio y su adaptación al mercado, generando valorización económica de lo artesanal. (Vogue Business, artesanía en lujo contemporáneo)
Fuente: UNESCO – INDAP – Fundación Artesanías de Chile
¿En qué consiste este modelo?
Identificación del valor local: técnicas textiles, fibras, saberes culturales
Intermediación o alianza: una marca, ONG o entidad certificadora conecta a la comunidad con el mercado
Integración en la cadena de valor: como proveedor, co-creador o socio
Comercialización global: la marca traduce este valor al lenguaje del mercado
Retorno económico y social: ingresos, visibilidad, preservación cultural — idealmente de manera sostenible
Es importante también hacer una diferenciación entre los distintos modelos:
Extractivo: la marca toma inspiración o mano de obra sin generar un beneficio justo
Transaccional: relación comercial básica (proveedor)
Colaborativo/regenerativo: co-creación + impacto social real
Es de vital importancia el rescate de saberes, oficios y técnicas que nos conecten con nuestra identidad. En un mundo tan globalizado, donde podemos alcanzar el otro extremo del planeta con un clic, es trascendental mantener los pies enraizados y conectados con lo que somos. Sin identidad, nos volvemos más vulnerables a las tendencias, porque no somos capaces de reconocer nuestra esencia y construir a partir de ella.
Para hablar en profundidad sobre este tema, los invito a ver la entrevista que tuvimos con Manu Rodríguez de Chungo.cl, donde nos cuenta, desde su experiencia, ¿Qué significa realmente el trabajo con comunidades? y el impacto real que genera.
PROPÓSITO – SISTEMA MODA CAPITULO 04 – MANU RODRIGUEZ – YouTube
Para nosotros, este no es solo un tema de industria, es un tema de identidad, de territorio y de futuro. La moda tiene el potencial de ser mucho más que un sistema productivo: puede transformarse en un puente que conecte realidades, valore saberes y genere impacto real en las personas.
Hoy, más que nunca, es necesario abrir la conversación y construir nuevas formas de hacer las cosas, de manera más consciente, colaborativa y responsable.
Queremos hacerte parte de este espacio y conocer tu mirada:
¿Qué rol deberían tener las marcas en el desarrollo territorial?
¿Estamos dispuestos, como consumidores, a valorar el trabajo artesanal?
Te invitamos a reflexionar, comentar y ser parte activa de este cambio. Porque una nueva forma de hacer moda en Chile sí es posible, y se construye a través de la colaboración de sus distintos actores.